El catalanismo ha perdido la credibilidad porque se ha quedado sin autoridad moral y no tiene un interlocutor válido. Nunca estuvo tan desarticulado como ahora. De Montilla a Carretero, pasando por Mas, Duran, Castells, Tura, Nadal, Carod, Puigcercós, Bertran..., son muchos, pero no son nadie, porque todos están más pendientes de reivindicarse a sí mismos que a la causa que dicen defender. Lejos de cualquier complicidad se comportan como los peores adversarios en la disputa de miserables cuotas de protagonismo, por eso en el Madrid de los grandes negocios no les hacen ni caso. Y en Catalunya, cada vez menos.